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30 oct. 2007

¿Estamos listos para el bicing?

La Nación - 30/10/2007 - Link de nota


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Pasado mañana, la Legislatura porteña tendrá en sus manos la posibilidad de sentar la piedra fundamental para la instalación de la cultura del bicing en la ciudad de Buenos Aires. Luego de haber recibido dictamen favorable en comisión, los diputados están en condiciones de tratar el proyecto de ley del kirchnerista Pedro Failde, que considera la creación del "sistema de transporte público de bicicleta".

En concreto, se trata de la apertura de mil terminales, distribuidas por toda la ciudad, donde los porteños podrán alquilar bicicletas con las que movilizarse entre sus domicilios y sus lugares de trabajo o cualquier otro punto. Se pretende, así, aliviar los constantes congestionamientos del tránsito e imponer un medio de transporte saludable y amigable con el medio ambiente.

El bicing es una práctica habitual en numerosas ciudades europeas, como Barcelona, París, Amsterdam, Lyon o Berlín, donde es común ver a profesionales de ambos sexos, impecablemente vestidos y con su casco de ciclista, movilizándose en sus silenciosas bicicletas por las ordenadas bicisendas. Hasta los turistas suelen disfrutar de tours bien organizados por agencias de viajes para conocer distintos rincones de la ciudad.

Los aspectos positivos de esta iniciativa son numerosos y su aprobación será, sin duda, un paso adelante en la búsqueda de una mejor calidad de vida. Pero ¿será una solución real para los trastornos vehiculares? ¿Contribuirá a aportar mayor seguridad vial? En definitiva, ¿tendrá aquí, una ciudad cada vez más latinoamericana y menos europea, el mismo efecto positivo que tuvo en Barcelona o en París?

La ciudad de Buenos Aires no cuenta casi con bicisendas, salvo en lugares específicos de esparcimiento. En Europa, éstas son diseñadas sobre la vereda y el peatón sabe que no debe interferir en ellas.

Aquí se las dibuja sobre la calzada, junto a donde circulan los colectivos, lo que ocasiona tanto un mayor riesgo para la seguridad de los ciclistas como supone la pérdida de un carril para el tránsito vehicular. Tampoco, a diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo, el transporte público cuenta con espacios especiales para que el ciclista pueda viajar con su bicicleta.

Pero si la ciudad no está preparada, nosotros probablemente tampoco lo estemos para el cambio que implica el bicing.

El principal motivo de nuestros problemas de tránsito es cultural. Manejamos mal porque no tenemos respeto por el otro y somos peligrosos porque preferimos no cumplir las normas si nadie nos ve. Somos malos conductores, pero también somos pésimos peatones y tan temerarios sobre cuatro ruedas como sobre dos.

En Buenos Aires no son pocos los ciclistas que creen que movilizarse en dos ruedas implica una informalidad que los dispensa de cumplir cualquier norma de tránsito, como respetar los semáforos, o de seguridad personal, como el uso del casco obligatorio o de luces.

No bastará con una buena ley para que nuestras calles sean más amigables. Es un gran primer paso, pero de un verdadero cambio cultural que nos convierta en mejores ciudadanos parecemos estar cada vez más lejos. Hasta aquí, lo que puede hacer un legislador. El resto depende de nosotros.

Por Javier Navia
jnavia@lanacion.com.ar


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